“La libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía.” Eugéne Ionesco
He crecido con la ilusión de vivir o experimentar un mundo de fantasía. Mi infancia fue marcada por Inuyasha, Sailor Moon, El señor de los anillos, H2O: sirenas del mar, Winx, entre otras series; por lo que, la magia estuvo en cada paso que di. Y quiero creer que mucho tiene que ver con nacer en Latinoamérica. Siempre he creído que somos una mezcolanza que opta por creer, soñar, adorar y buscar la verdad en el misticismo.
Pero,
con todo esto, nunca he soñado con ser un hada, una sirena, una hechicera, una
bruja, un elfo, una mujer lobo, un vampiro o un semidios. Adoro a la humanidad.
Lo que muchas veces me resulta contradictorio, porque odiaba los horrores que
traía con ella. Pero, si lo piensan bien, ese descaro y desasosiego que trae
con ella es lo que le ha permitido al hombre crear mundos alternos, en los que
sí se le permite—con libertad— explorar ese lado subyacente e intrínsecamente
humano. Por ello: amo la fantasía.
Son
los mundos fantásticos, las distopias y los universos alternativos los que
permiten al ser humano abrirse y explorar cada célula de esta realidad, de
nuestras mentes aceleradas y corazones abstractos. En ellos se puede desbocar
cada pensamiento insólito y encontrará sentido, encontrará un hogar. Y los
lectores verán un espejo, palabras no dichas y un entendimiento mutuo, no solo
con el autor, sino con los personajes que habitan en ese mundo.
La
humanidad parece sentirse sola—quien me diga que no, creo que miente—, creo que
mucho se debe a los estigmas en sociedad. Sabemos que nunca seremos aceptados al
cien porciento por un igual. Por eso siempre buscamos más allá de lo que podemos
ver o tocar.
La
experiencia humana es efímera y cuando esto choca con la idealización o la
inmortalidad se vuelve preciosa. Piensen en Aragon y Arwen (El señor de los
anillos), Tomoe y Nanami (Kamisama Hajimemashita) o Bibi y Hana (Hana to Akuma).
Es la humanidad y lo efímero elegido porque ello trae inmortalidad, no la del
cuerpo, la del amor. Arwen y Tomoe renuncian a ella para vivir junto a su
persona amada; Hana conserva la suya, vive y muere junto a su amado, dejando detrás
de sí el fruto de su amor (sus hijos), quienes acompañaran a Bibi por la
eternidad.
El
temor a la muerte es común, pero a mí solo me da miedo cuando no hay amor por
medio de ella… pero, ese es otro tema.
Una
vez leí por ahí que el ser humano puede experimentar sentimientos reales por
personajes ficticios. No lo dudo, lo vivo a diario. Esto no lo simplifiquemos a
un amor romántico, por favor; por que sería reducir la experiencia humana. Si algo
tiene la fantasía, que yo adoro, es que explora a profundidad las emociones
humanas y las enaltece.
Existen diferentes “tropes” en estas obras que buscan exponer las diversas formas de amar, mi favorita es Found Family. Las obras donde este aparece son mis favoritas y siempre de ellas nacen los mejores Friends to lovers y Slow burn, porque son el foco de la vida de los protagonistas y se desarrollan vínculos duraderos. Esto lo vi con todas obras que mencioné en un inicio, en la actualidad mis favoritos son las sagas: La Nación de las Bestias de Mariana Palova y Green Creek de T.J. Klune.
A
medida que iba creciendo, pude conocerme a través de estos mundos llenos
fantasía: mi forma de ver el mundo, mis emociones, mis creencias y mis gustos. Películas,
series, animes, caricaturas, libros, mangas, música, pinturas, fanfics, todo
ello—y más— son medios que me permiten navegar por las mentes de quienes nunca llegué,
o llegaré, a conocer.
Todo
lo que consumo me edifica o me destruye… aunque destruir suena feo, no siempre
lo es. A veces hay que romperse o resquebrajarse para dar paso a lo nuevo. Todos
cambiamos al final del día.
Esto
me lleva a pensar en los superhéroes, algunos dirán que entran en otro género,
pero nos remitimos a fantasía como concepto que engloba lo que está fuera de
este mundo o como la “facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de
imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma
sensible o de idealizar las reales”, según la primera acepción de la RAE. Bueno,
volviendo a los superhéroes: Marvel es un referente claro. Son Hulk, Los cuatro
fantásticos, Superman, La mujer maravilla y Batman mis primeros acercamientos a
ellos. No me gustaban mucho (ni ahora, siendo sincera), no obstante, me parecían
interesantes a su manera, es lo fantástico conviviendo con la realidad. Aun así,
no creí que es mundo fuese totalmente para mí, hasta que conocí a los mutantes.
El
Profesor X (Charles Xavier), Jean Grey y Magneto (Erik Lehnsherr) fueron los
primeros superhéroes (Erik no, obvio, pero lo metemos aquí por obvias razones)
que me atraparon totalmente. Lleno de complejidades humanas que expresaban como
era ser diferente—no solo físicamente, sino en esencia— a los demás. El encontrarlos
en mi juventud me hizo reforzar la idea de que todo lo que es diferente es especial,
raro y lo raro era bueno. Aunque, que te tachen como la rara en la adolescencia
no fuese la mejor experiencia del mundo, agradezco a mi yo de 13 años por
fingir que adoraba ser llamada así, porque a mis 22 años no hay mejor halago
que ese.
La
fantasía ha sido un refugio, no un escape. Es una pausa, un momento de
reflexión en el que me permito sentir todo a través del “otro” para poder
digerir mejor mis emociones, a veces hasta nombrarlas.
Este
género siempre me ha invitado a la reflexión personal y universal. No solo me
veo como individuo, analizo mi participación en el mundo. Lo que me ha llevado
a no cerrarme de buenas a la primera con las personas y a conocer a grandes
personas.
Es
la fantasía mi mundo emocional, que me permite comprender al prójimo, a pesar de
no formar parte de su mundo interior.

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